martes, 1 de julio de 2008

Definición de Drogas


Una droga, fármaco o medicamento es cualquier sustancia con capacidad de alterar un proceso biológico o químico en un organismo vivo con un propósito no nutricional. Son ejemplos de sus innumerables usos, el alterar intencionalmente la conciencia,caso en el que se denomina mejor como sustancia psicoactiva; combatir una enfermedad, aumentar la resistencia física o modificar la respuesta inmunológica. Popularmente, el término droga suele utilizarse preferencialmente para referirse a las de uso ilegal y que producen psicoactividad. Para las de uso médico es más común el término fármaco, medicamento, droga medicinal o simplemente remedio. El concepto farmacológico y médico de la palabra droga es cualquier sustancia química capaz de modificar el funcionamiento de un ser vivo. Este concepto se refiere a que la modificación puede ser perjudicial o beneficiosa para el ser vivo, y que depende del tiempo de administración y de la dosis y de las características del propio ser. Paracelso decía en 1500 que todas las sustancias son venenos. Para él, la diferencia entre un veneno y un medicamento era la dosis, es decir que un medicamento administrado en dosis excesivas y durante un tiempo inadecuado se convierte en un factor perjudicial que puede llevar a la muerte de la persona.

Drogas legales e ilegales

Consiste en la clasificación de las sustancias en función de las restricciones legales establecidas en cada estado particular respecto al consumo, producción y venta de las diferentes sustancias. Así, en la mayor parte de los países occidentales las drogas se clasifican según la normativa legal, del siguiente modo:
  • Drogas legales: alcohol, tabaco, psicofármacos, estimulantes menores y otras sustancias (heroína, metadona, etc.) bajo prescripción médica
  • Drogas ilegales: son todas las que no forman parte del apartado anterior y a las que se accede a través del mercado negro (se incluiría aquí, por ejemplo, la metadona obtenida subrepticiamente aunque inicialmente haya sido dispensada a partir de vías legales): Derivados del cannabis, heroína, cocaína, etc

Debate acerca de la legalización/ilegalización

La legislación contemporánea, en el contexto de una guerra contra la droga considera ilícito el uso y el comercio extraterapéutico de psicofármacos que alteren la conciencia.
Las drogas están siendo un problema muy grave en los últimos años y numerosos son los países que tratan de afrontarlo mediante diferentes vías (campañas y operativos antidrogas y su tráfico, etc.).
Cada país establece algunas excepciones a esta regla. Por ejemplo, es habitual en Occidente que el uso y comercio del alcohol, el tabaco y los estimulantes cafeínicos sean legales fuera del ámbito de la medicina. En otros países, como Holanda, se permite el uso recreacional de la marihuana, los derivados del cáñamo y los hongos psicotrópicos.
Cuando las sustancias son fabricadas y distribuídas dentro del ámbito farmacéutico pero son empleadas sin prescripción facultativa y con fines recreacionales, la ley considera que existe abuso. Para otros colectivos, en cambio, el abuso se produce cuando el consumidor daña su salud y su relación con su entorno.
En amplios sectores de la sociedad existe la idea de que el uso extramedicinal de psicofármacos es dañino. Sin embargo, en otros entornos se defiende de que ha de ser el individuo quien regule su conducta, y de que el Estado no tiene la legitimidad para dirigir su salud. Ambas posiciones son las que han venido enfrentándose, tradicionalmente, en el debate acerca de la legalización de las drogas.
Constantemente los sectores psicofarmacófilos de la sociedad descubren que ciertos fármacos -presentes sobre todo en plantas y medicamentos de farmacia- son susceptibles de uso recreacional; este descubrimiento y la consiguiente extensión de su uso conducen a una respuesta legistativa, aumentando el catálogo de sustancias prohibidas o sujetas a mecanismos estatales de control.
Entre las de uso recreacional más conocidas encontramos:
Alcohol
Cafeína
Cocaína
Crack
Inhalantes
LSD
Paco
Marihuana
Hachís
MDMA o éxtasis
Anfetaminas
Nicotina
Opiáceos (Heroína, Morfina, etc.)
Peyote
Hongos psilocibes, también conocidos como alucinógenos o mágicos
Benzodiacepinas
El Popper
Barbitúricos
La drogodependencia o dependencia de sustancias (también denominada tradicionalmente drogadicción o toxicomanía), es la dependencia física y/o psicológica de una sustancia con capacidad de alterar un proceso biológico o químico en un organismo vivo con un propósito no nutricional.
Se define como el uso continuado y abusivo de una sustancia con el propósito de obtener sensaciones placenteras (dependencia psicológica) o bien de eliminar sensaciones displacenteras como consecuencia de la supresión de su administración (dependencia física).

Criterios diagnósticos

El DSM-IV-TR (2002) refiere que para poder ser diagnosticada como tal, la dependencia a sustancias ha de conllevar un patrón desadaptivo de consumo que conlleva malestar o deterioro (físico, psicológico o social) y junto al que han de darse, al menos, tres de los siguientes criterios en algún momento de un período continuado de 12 meses:
Tolerancia
Abstinencia
La sustancia es consumida en cantidades mayores o durante más tiempo de lo que se pretendía en un principio
Existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de interrumpir el consumo o de controlarlo
Se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia, consumo o recuperación de sus efectos
Se da una importante reducción de las actividades cotidianas del sujeto debido a la ingesta de la sustancia
Se continúa consumiendo la sustancia a pesar de tener conciencia de sus potenciales riesgos
El CIE-10 (Organización Mundial de la Salud, 2005) refiere que para poder hablar de dependencia han de presentarse tres o más de los siguientes criterios en un periodo de 12 meses:
Fuerte deseo de consumir la sustancia.
Dificultades para controlar dicho consumo
Síndrome de abstinencia al interrumpir o reducir el consumo
Tolerancia
Abandono progresivo de intereses ajenos al consumo de la sustancia. Inversión cada vez mayor de tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia o con la recuperación de sus efectos
Persistencia en el uso de la sustancia a pesar de percibir de forma clara sus efectos perjudiciales
Los anteriores criterios hacen referencia tanto a aspectos relacionados con la dependencia física como con la psicológia.
Aspectos relacionados con la drogodependencia

Así, como veíamos, es necesario diferenciar entre diferentes elementos que entran a formar parte del proceso de la drogodependencia:
Intoxicación: Hace referencia a los cambios fisiológicos, psicológicos o comportamentales provocados por el consumo de una sustancia
Tolerancia: Necesidad de aumentar la dosis de la sustancia para conseguir los efectos que antes se conseguían a dosis inferiores o bien disminución de los efectos producidos por la sustancia al utilizarla de forma frecuente. No implica, necesariamente, dependencia
Síndrome de abstinencia: Conjunto de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona dependiente de una sustancia deja de consumirla o reduce su consumo

Dependencia física


La dependencia física es la que se crea en el organismo de una persona debido al consumo continuado de una sustancia, de manera que necesita dicha sustancia para funcionar con normalidad.

Dependencia psicológica

La dependencia psicológica consiste en la necesidad de tomar alguna sustancia por placer o por un malestar. Las drogas que provocan ésta clase de dependencia son las que afectan al cerebro y al sistema nervioso central, se presenta reducción de la tensión, ansiedad, euforia, e incremento de la capacidad física y mental.


Según los efectos producidos en el sistema nervioso central

La clasificación de las drogas según los efectos que producen a nivel del sistema nervioso central constituye el sistema de clasificación menos aceptado en la actualidad (frente a la distinción entre drogas duras y blandas o legales e ilegales).
Según éste las distintas sustancias podrían clasificarse en una o varias (drogas mixtas) de las siguientes categorías:
Depresores del sistema nervioso central o Psicolépticos: inhiben el funcionamiento del sistema nervioso central, enlenteciendo la actividad nerviosa y el ritmo de las funciones corporales. Entre los efectos que producen se encuentran relajación, sedación, somnolencia, sueño, analgesia e incluso coma. Ejemplos de estas sustancias los constituirían el alcohol, los diversos tipos de opiáceos (heroína, morfina, metadona, etc.), ciertos psicofármacos (como por ejemplo las benzodiacepinas o los barbitúricos), etc.
Estimulantes o Psicoanalépticos: producen una activación general del sistema nervioso central, dando lugar a un incremento de las funciones corporales. Se establece una distinción entre estimulantes mayores (tales como la cocaína o las anfetaminas) y menores (como la nicotina o las xantinas: cafeína, teína, teobromina).
Alucinógenos o Psicodislépticos: también conocidos como Perturbadores. Producen un estado de conciencia alterado, deforman la percepción y evocan imágenes sensoriales sin entrada sensorial. Ejemplos de estas sustancias los constituirían el LSD o las drogas de síntesis (que por los efectos que producen serían más bien consideradas como sustancias mixtas estimulantes-alucinógenas)
Drogas duras y blandas:
La clasificación entre drogas duras y blandas es una forma poco precisa y arbitraria de designar a las drogas que en la actualidad se encuentra en desuso.
En su origen esta distinción pretendió servir para distinguir las drogas altamente adictivas que comportan serios daños a la salud (duras), de las poco adictivas, que no presentan un riesgo grave para quien las consume (blandas).
A pesar de ello esta distinción es aún empleada tanto en el discurso oficial como en el habla informal.
· Drogas duras: la cocaína, los opioides (morfina, heroína, etc.), el alcohol, o las anfetaminas son comúnmente descritas como drogas duras
· Drogas blandas: el término es aplicado generalmente a los derivados del cannabis (marihuana, hachís, etc.), a la cafeína, etc. Por lo general el término se aplica a sustancias cuyo consumo no conlleva patrones de comportamiento social desadaptativos
Curiosamente, algunas drogas blandas como el cannabis y el khat están prohibidas en la mayoría de los países, mientras que drogas duras como el alcohol pueden ser adquiridas (aunque con restricciones) en la mayor parte del mundo. Esta paradoja ha causado no poca controversia: por ejemplo, un reporte de 2001 estimó que el consumo de alcohol provocó 75.754 muertes en los Estados Unidos, mientras que jamás, en ninguna parte del mundo, ha sido comprobada una sola muerte debida al uso de marihuana. La distinción entre drogas duras y blandas es importante en la política de drogas de los Países Bajos, entre otros estados, donde ciertas drogas blandas gozan de la tolerancia oficial, aunque casi siempre están sujetas a restricciones en cuanto a su comercio, producción y consumo.

martes, 24 de junio de 2008

Adicción

Una adicción, farmacodependencia o drogadicción es un estado psicofísico causado por la interacción de un organismo vivo con un fármaco, caracterizado por la modificación del comportamiento y otras reacciones, generalmente a causa de un impulso irreprimible por consumir una droga en forma continua o periódica, a fin de experimentar sus efectos psíquicos y, en ocasiones, para aliviar el malestar producido por la privación de éste, es decir, el llamado síndrome de abstinencia.
La búsqueda y el consumo compulsivo de sustancias psicotrópicas, aunque, de manera más genérica, se aplica también a diversos hábitos que son nocivos, pero que resultan gratificantes para el sujeto. Usualmente el término se ha vinculado al consumo de sustancias psicoactivas, pero se ha extendido a otras situaciones que no requieren del consumo de ninguna sustancia, como el juego (ajedrez) o el uso de Internet. El término ha estado sometido a múltiples discusiones a lo largo del siglo XX y XXI, y ha sido objeto de variadas definiciones que reflejan, más bien, el estado de ánimo social y político más que una discusión netamente científica.
La OMS, por ejemplo, ha utilizado los términos "habituación", "farmacodepedencia", "uso perjudicial" y otros para referirse al uso de sustancias, lo que refleja la discusión en el interior de los diversos comités que se han formado para discutir el tema.
En la actualidad existe un cierto consenso, no completamente aceptado, que distingue al menos dos fenómenos relacionados con el uso de sustancias psicoactivas: adicción y dependencia. Estos dos fenómenos son completamente diferenciables tanto en la clínica como en la neurobiología, conducta y tratamiento. Sin embargo, los dos grandes manuales de consenso en torno a los trastornos psiquiátricos (el DSM IV de la American Psychiatric Association, y la CIE-10, de la OMS) presentan una mezcla de sus signos característicos.
Originalmente, adicto era quien seguía ciegamente al líder, sin criticarlo ni decirle nada (en latín a-dictio: ‘no dicción’). Luego se llamó addictus a un ‘esclavo’ por deudas. De allí addictio: ‘adjudicación, cesión al mejor postor, consagración, dedicación’.

Dependencia y adicciones
La distinción entre "dependencia" y "adicción" es una preocupación actual de los investigadores. La dependencia es el uso de una sustancia para evitar los efectos que tendría su carencia. En este sentido los diabéticos que deben utilizar insulina constituyen un grupo dependiente. La dependencia a sustancias psicoactivas es el uso de sustancias con el objeto de evitar ya sea los efectos que provoca su suspensión (uso preventivo) o para disminuir los síntomas de la suspensión cuando ya se ha producido (uso paliativo). Típicamente las benzodiazepinas provocan dependencia. Se las utiliza para inducir el sueño, por ejemplo, pero el uso continuado de ellas provoca, finalmente, que el sueño sólo sea inducido gracias a su consumo. Un sujeto que lleva un tiempo consumiendo benzodiazepinas para dormir, tendrá luego grandes dificultades para conciliar el sueño sin consumirlas. Se ha hecho dependiente. Su consumo de benzodiazepinas, entonces, se hace de modo preventivo (en prevención de no poder dormir), o bien, para inducir el sueño cuando descubre que de otro modo no puede lograrlo (uso paliativo).

Tolerancia y síndrome de abstinencia
Las sustancias capaces de provocar dependencia inducen un fenómeno llamado "tolerancia", que consiste en la disminución de los efectos típicos de una sustancia cuando se usa de manera regular, o bien, lo que es lo mismo, un efecto que se mantiene similar aún cuando se aumente la cantidad de sustancia. Es el fenómeno habitual en los bebedores de alcohol, que son capaces de tolerar grandes cantidades de alcohol cuando llevan años consumiendo. Ocurre también de manera marcada con los efectos euforizantes de la cocaína. La tolerancia aparece sobre algunos efectos de las sustancias psicoactivas y no sobre otros.
Un fenómeno que está estrechamente ligado a la tolerancia es el de síndrome de abstinencia, o simplemente abstinencia. El sindrome de abstinencia es un fenómeno agudo que ocurre al interrumpir el consumo de una substancia en un sujeto que lleva largo tiempo utilizándola de manera más o menos continua. Cada sustancia tiene un síndrome de abstinencia característico, y entre estos el del alcohol es sin duda el más grave. El síndrome de abstinencia al alcohol varía entre leve, moderado y grave.
El síndrome grave tiene una significativa mortalidad si no es tratado a tiempo, constituyendo una real emergencia médica. El síndrome grave de abstinencia al alcohol se conoce como delirium tremens (del latín "delirio tembloroso", en alusión a sus dos grandes síntomas).
Sin embargo, no todas las sustancias adictivas provocan abstinencia. Por ejemplo, el síndrome es intenso (y grave) en el consumo de alcohol. También es muy notorio en el consumo de opiáceos. Sin embargo, es poco notorio o inexistente en el consumo de cocaína y nicotina.
La tolerancia y el síndrome de abstinencia son fenómenos reversibles. Un sujeto que se ha hecho dependiente, puede dejar de consumir una sustancia y en un tiempo variable perder la tolerancia que tenía. En términos prácticos esto significa que, si vuelve a consumirla, sentirá los mismos efectos que un sujeto virgen de experiencia. Suele ocurrirle a los consumidores de alcohol cuando han pasado un largo período sin consumir (por ejemplo, un año). Cuando vuelven a consumir una pequeña dosis, que normalmente no les haría efecto, sufren una intensa embriaguez. El síndrome de abstinencia también es reversible y tiene un tratamiento eficaz. El más grave, el del alcohol, tiene una duración que, en el peor de los casos, no supera los 10 a 12 días. Después de ese tiempo, el individuo puede volver a hacer una vida normal. De este modo, al ser reversibles y tener un tratamiento eficaz, dependencia y abstinencia en estricto rigor no representan un grave problema sanitario

Sensibilización y adicciones
Lo que sí representa un problema grave es la adicción, que consiste en el consumo compulsivo de una sustancia. La adicción parece estar relacionada con el fenómeno de la sensibilización. La sensibilización es un fenómeno opuesto a la dependencia. Consiste en el aumento de algunos efectos de las sustancias psicoactivas con el uso regular de ellas. Por ejemplo, es muy evidente con los efectos neuromotores de la cocaína. El uso regular de cocaína (en cualquiera de sus formas) provoca hipertonía y conductas estereotipadas tanto en humanos como en animales de experimentación, así como fenómenos paranoides e ilusiones angustiantes, al tiempo que los efectos euforizantes disminuyen producto de la tolerancia. Los consumidores de alcohol de muchos años se embriagan con dosis cada vez menores de alcohol. Dado que la sensibilización es un fenómeno que permanece por muchos años (tal vez sea irreversible) se ha utilizado como uno de los modelos para explicar la adicción. La conducta compulsiva de consumo parece, igualmente, no ser reversible, aunque sí pueda ser controlada con entrenamiento. La adicción, es decir, la conducta compulsiva de búsqueda y consumo de sustancias, a pesar de todos los problemas personales, físicos y sociales que le traiga al individuo, es en rigor el real problema, y lo que lleva a pedir ayuda al sujeto y a su familia.
La conducta compulsiva aparece sólo en algunas condiciones especiales. Hay por lo menos tres elementos que gatillan la compulsión por consumir: los estímulos ambientales asociados a drogas, los estados afectivos displacenteros (como la tristeza o el estrés) y probar la sustancia u otra similar. Cualquiera de estos tres es capaz de desencadenar un intenso deseo de consumir y la aparición de conductas de búsqueda (lo que se llama estrategias de consumo). Hay sustancias que son capaces de provocar una intensa dependencia y síndrome de abstinencia, pero que no provocan adicción, Por ejemplo, las benzodiazepinas. Los sujetos consumen benzodiazepinas de manera preventiva o paliativa, pero no existen estímulos ambientales o internos que les provoquen el deseo compulsivo de consumirlas. Es también la experiencia de los sujetos que consumen opiáceos como paliativo del dolor crónico (por ejemplo, cáncer).
Por otro lado, hay sustancias que no provocan dependencia ni síndrome de abstinencia notable, y que sin embargo son intensamente adictivas. Entre ellas, las más importantes son, sin duda, la nicotina y la cocaína. En animales de laboratorio estas dos han demostrado ser las sustancias más rápidamente adictivas, aunque no provoquen síndrome de abstinencia.
El alcohol tiene efectos mixtos, según el período de consumo. En el corto plazo provoca tolerancia, pero si el consumo es abusivo y por largo tiempo, aparecerá la compulsión.
El cannabis es una sustancia conflictiva. No se ha logrado que los animales de laboratorio se la autoinoculen con facilidad, como ocurre rápidamente con todas las demás, lo que concuerda con los escasos efectos adictivos y de dependencia en seres humanos.

Tipos de Adicciones


Las adicciones pueden ser de varios tipos: a sustancias psicotrópicas (como la nicotina y la cocaína) o también a comportamientos específicos (como los juegos de azar; videojuegos, etc); La sensación de bienestar o placer que produce el consumo de algunas sustancias es provocada por transformaciones bioquímicas en el cerebro, de tal manera que la ausencia de consumo provoca el efecto contrario: malestar generado por la carencia de químicos que alivien la tensión. El placer que provoca la sustancia al adicto es poco duradero y según transcurre el tiempo, el placer es menor. Esta insensibilización progresiva se denomina tolerancia. Si las drogas se usan como un escape de problemas que no se saben resolver, la probabilidad de adicción es mucho más alta que si es por motivos lúdicos. Aunque siempre hay, en mayor o menor medida, algún tipo de riesgo.